domingo, 2 de julio de 2017

Opinión. La Comisión Bárcenas




La clave está en el mayordomo


HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA

Era un fiasco anunciado. La comparecencia de Bárcenas ante la Comisión parlamentaria que investiga la financiación del PP ha sido todo un ejemplo de inoportunidad política.

El extesorero del PP ya había advertido, a través de los medios, que no iba a responder ni una sola pregunta que pudiera comprometer su defensa en los dos procesos judiciales en los que está inmerso. Y volvió a repetirlo al comienzo de la sesión, antes del turno de la representante del PSOE, Isabel Rodríguez. Está en su legítimo derecho. Aun así, intervino en bastantes ocasiones, bien para puntualizar datos, bien para dar algún puyazo a sus interpelantes.

Y hay que darle toda la razón en lo que contestó a Irene Montero: «Yo no soy el responsable de que ustedes hayan cometido la torpeza de convocar esta Comisión habiendo un proceso judicial que afecta a determinadas personas. En este momento, lo que prima es mi derecho a la defensa, por encima de la soberanía popular y de cualquier cosa». De chulería también anda sobrado el ciudadano Bárcenas.

La primera impresión que dejan las dos horas y media que duró la sesión es la de que PSOE y Cꞌs querían desquitarse de la etiqueta de blandos en la pasada moción de censura, particularmente el representante de Cꞌs, el actor Tony Cantó, sobreactuando en un papel de agresividad sobrevenida que contrasta con el apoyo que su partido ofrece al Gobierno de Mariano Rajoy.

Casi todas las intervenciones consistieron en un agotador esperpento de preguntas sin respuestas. Luis Bárcenas es, sin duda, la zona cero de la corrupción del PP; estuvo en el nudo de las comunicaciones y manejaba la caja. Lo que este no sepa, no lo sabe casi nadie; su defensa está basada en exculparse, salpicando lo menos posible a la cúpula de su partido, la actual y las anteriores. Una empresa harto complicada. ¿Creían los parlamentarios que iba a cantar en el Congreso? Resulta ridículo pensar que pretendieran tal quimera. Y si sabían lo que iba a pasar ─que lo sabían─, más ridícula aún se antoja la comparecencia del extesorero.

El único que supo leer con acierto lo que iba a ocurrir fue el portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados, el veterano Joan Tardà: «Lo de hoy no deja de ser un paripé, porque no hay voluntad de hacer un reset; la prueba está en su silencio y en que cuando se llega al momento de la verdad, los grandes partidos políticos, y buena parte de la oligarquía, pactan que algo cambie para que todo continúe igual». El de Cornellá optó por dejar a un lado las preguntas que Bárcenas no iba a responder, para hacer un certero análisis sistémico de la situación política y social que sustenta la corrupción en España.




«¿Usted se considera una persona corrupta? Porque si usted no se considera una persona corrupta y está convencido de que ha hecho lo que tenía que hacer, en función de los intereses de su partido, esto nos llevaría a reconocer que este sistema no solo está podrido, sino que, además, no tiene solución». Tardà no se quedó aquí y puso sobre la mesa el fenómeno social que mantiene al PP en el poder: «¿En algún momento pensaron que la ciudadanía les iba a pasar cuentas? Fíjese hasta qué punto todo está podrido, que ustedes estaban convencidos de que los ciudadanos les seguirían votando. ¡Y además tenían razón! Porque nadie puede negarles que han ganado las elecciones». El portavoz de ERC interpretaba así el pensamiento político de los dirigentes del PP: «Si hacemos lo que hacemos, y los ciudadanos nos siguen votando, es señal de que hemos sido capaces de convertir la mierda en un perfume».

De forma puramente retórica, el político catalán trató en vano de convencer a Bárcenas de que debía pedir perdón y contar toda la verdad, a sabiendas, claro está, de que le estaba pidiendo a un olmo que le diera peras. Por otro lado, acertó en restar protagonismo a la figura del extesorero: «Yo sé que usted no es el señor; los señores son aquellos empresarios que pagan y corrompen. Usted es más bien mayordomo o criado».


Al contrario que en muchas novelas policíacas, en las que finalmente el culpable de un crimen se halla entre el personal del servicio, el culpable de esta mala pesadilla que vive España no es el mayordomo, pero en él está la clave.



3 comentarios:

  1. Posiblemente es un mayordomo con lenguaje corporal más que verbal...aunque sabe usar términos ambiguos. Eso permite confundir bastante... no creo que confunda a los jueces, pero... cuánta gente creerá aún en la inocencia del Sr. Bárcenas y consecuentemente, de nuestro gobierno actual y pasado. Parece que existen dos tipos de contabilidad y dos tipos de ética política, como mínimo.... Pero en realidad es un problema solo de un partido, de dos, o de un sistema completo? Lo que creo es que es un problema de dimensión global, pero que dada la levedad del ser... ¿tendemos a mantener el canon egipcio y mantenemos una actitud de perfil moral...mostrando una mirada de frente pero los brazos y el tronco en el perfil...dando una apariencia, pero actuando con otras formas?. Eso, puede que tengamos que plantearlo y admitirlo, para poder corregirlo. Como Adler advierte "Algo va mal" "La nueva generación siente una honda preocupación por el mundo que va a heredar. Pero esos temores van acompañados de una sensación general de frustracción: nosotros sabemos que algo está mal y hay muchas cosas que no nos gustan. Pero ¿en qué podemos creer, qué debemos hacer?".

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  2. He de hacer una corrección: es Tony Judt el que nos advierte que Algo va mal. Adler nos habla de nuestra forma de vida disfuncional...en la que falta la coherencia del Ser nos lleva un canon de perfil.

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  3. Muchas gracias por tus palabras, me agrada poder comentar o debatir con personas como tú, que muestran esa sana inquietud por intentar entender la realidad o parte de ella. Y entenderla es, en gran medida, interpretarla, con el consiguiente riesgo de poder equivocarse.
    El asunto viene de muy lejos, si me apuras de los clásicos Platón y Aristóteles pero, más próximos a nuestros días, algunos intelectuales de las primeras décadas del siglo XX, y particularmente del periodo de entreguerras, sentaron las bases para poder analizar de forma crítica los fenómenos sociales que estamos observando cien años después. La Sociedad de Masas se estudia como parte de la Historia Contemporánea pero, en mi opinión, es un concepto transversal en el tiempo, y llega hasta hoy. La diferencia está en los medios de comunicación y en la tecnología: desde aquella prensa de masas de finales del XIX, con tiradas de un millón de ejemplares a un centavo cada uno, a la radio, la televisión, y actualmente Internet, las sociedades occidentales, se han comportado como masas. Para mí, lo más sangrante de esto es que hoy, cuando más fácil es acceder al conocimiento y tener la posibilidad de desmigar la avalancha informativa para reconocer las buenas fuentes —y, por tanto, atesorar, poco a poco, un pensamiento crítico—, es cuando más sumisión y conformismo muestra la ciudadanía, en general.
    Hay libros que uno lee, sabiendo —ya desde las primeras páginas— que tendrá que volver a leer. Uno de ellos es 'Public Opinion' (1922), de Walter Lippmann, en el que el periodista se expone a feroces críticas por manifestar —entre otras muchas ideas— que los votantes no se preocupan de participar en el proceso político, y que por ello son ignorantes en temas políticos y de debate público y, por tanto, no son competentes para participar en la vida pública. En este caldo de cultivo, para Lippmann, las élites cualificadas tendrían que ser, obligatoriamente, las encargadas de "fabricar el consentimiento" de las masas para poder mantener el orden social. Noam Chomsky, muy crítico con este concepto, desarrolla posteriormente las causas y las consecuencias del mismo, incidiendo en la propaganda política, y en la actividad de los medios de comunicación afines a las élites, como actores protagonistas y origen de este fenómeno.
    Otro libro que he de releer es, sin duda, 'La Rebelión de las Masas', en el que Ortega y Gasset no duda en afirmar que «las masas, por definición, no deben ni pueden dirigir su propia existencia, y menos regentar la sociedad», si bien es cierto que el filósofo español matiza tal pensamiento en muchos otros pasajes de la obra.
    Mi idea central es que en aquellos años nadie podía, ni siquiera, soñar en que hoy tendríamos un mundo de conocimiento pulsando una tecla. El conocimiento genera inquietud y dudas, incluso difumina certezas que creíamos intocables; en definitiva, pensamiento y actitud críticos. Para mí, la pasividad de nuestra sociedad actual de masas es imperdonable por este motivo. Hoy es posible no dejarse manipular.
    Gracias, nuevamente, y un fuerte abrazo.

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